¿Y tú cómo estudias?

¿Hola, como estas? ¡Bien esperemos!, porque seguimos con nuestra serie de consejos para ayudar a prepararte y tu cerebro a enfrentaros a todo tipo de examen. En el artículo anterior te hablemos de trucos un poco más lúdicos y alegres a fin de domesticar a tus cuadernos pero, y lo sentimos para anunciártelo, la clave de todo estudio radica el rollo que puede ser la repetición. Sin embargo, porque eso no tiene que consistir simplemente en leer veces y veces el ladrillo que representen tus cursos, te hemos listado algunas maneras alternativas de repasarlo.

 Apuntes  –  Aliados  de  la  primera  hora

Los clásicos e indispensables de las aulas de clases y de muchos procesos formativos, los apuntes, constituyen la base del estudio y aprendizaje. Previamente, te hemos listado razones que prevalen para tomar apuntes escritos de mano pero, que sean digitales o sobre papel, llevan la misma importancia. Sobre todo, tomar apuntes te obliga quedar concentrado/a en la clase. Aquí también toma asiento la fase inicial de la comprensión et apropiación del asunto. Lo que se aconseja a menudo es dedicar un poco de tiempo cada día, después del curso y del llegar a casa, para leer de nuevo la lección del día, pasar a limpio (si ce necesita), aclarar puntos oscuros y buscar información complementaria o definiciones de términos importantes para anclar un golpecito más la información cuando todavía está fresca. Verás, aunque te pueda ocurrir más divertido como entretenimiento, vas a ver como esto te facilitara la labor cuanto llegará el momento de estudiar de verdad. Mientras tienes una memoria de elefante (no lo dudamos), tener soportes físicos que te permiten volver y acceder en cada momento a la información y, por qué no, compartir y completarla con la de tus compañeros de estudio, se releva muy útil a la hora de estudiarlo todo.

 Resúmenes  –  Menos  texto,  mejor  dicho

Después de los asuntes, viene su forma reducida, los resúmenes. Cada año se repite el gran ballet de los resúmenes que empieza meses antes de los exámenes y consiste en leer y diseccionar todos tus cursos, libros y apuntes para producir un condensado personalizado del conjunto que te servirá de base para estudiar sin enfrentarte cada vez al miedoso montón de conocimientos a ingerir ni tampoco a la parafernalia completa de los soportes. De nuevo, no es ningún secreto o magia, pero este ejercicio de leer lo todo, refrescarlo en tu memoria y escribirlo con tus propias palabras contribuye a grabar la información un poquito más profundamente en tu matera grisa. Sin embargo, que tengas cuidado no caer en la trampa que radica en copiar la totalidad del curso y acabar con resúmenes del tamaño de tus libros, o de perder demasiado tiempo con la redacción y quedarte sin bastante para estudiar.

 Fichas  –  Átomo de  conocimiento

Empezamos grande y fraccionamos cada vez más pequeño el total a estudiar para acabar con bocaditos más fácil de ingerir e integrar. De hecho, después de la obra gruesa y del desglose, entran en juego las fichas, que son, en cierto modo, resúmenes de resúmenes. Con su formato reducido, se pueden llevar dónde quieres (en el tren o el metro por ejemplo) y transforman el estudio en algo más lúdico y dinámico, permitiendo te revisar los elementos claves o algunos detalles que ahora todavía te escapan. Igualmente se revelan prácticas para la última revisión de la noche anterior al examen o justo antes de entrar en la aula…

En conclusión, y para destacarlo de nuevo, todos estos procesos solo apuntan al que repitas y revisas veces y veces más lo que tienes que estudiar porque así es como funciona la memoria a corte y largo termo. Sin embargo, hay maneras de variar los enfoques según la etapa de revisión y las preferencias de cada uno y seguiremos ensenándotelos durante las semanas que vienen en esta serie de artículos.

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